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El Caso Neruda ante la prensa internacional

La operacion Price o el doctor Price de Neruda.

 

Por Mario Casasús, publicado el 24/03/2014

 

 

 

 

El doctor Price es una cortina de humo que inventó Sergio Draper, después de ordenar la inyección de Dipirona al poeta Pablo Neruda; el médico de turno se retiró dejando al paciente bajo la responsabilidad de Carlos Massera. Históricamente no existe el “doctor Price”, no hay registros en las universidades chilenas, ni en el Colegio Médico de Chile. La única vez que la palabra “Prize” estuvo relacionada con Neruda fue en Suecia, durante la ceremonia del Premio Nobel de Literatura (Nobel Prize 1971). Sergio Draper delató el apellido “Price” del hipotético colega de la Clínica Santa María para distraernos, o la dictadura bautizó el presunto asesinato de Neruda como: Operación Prize.

El libro Las vidas del poeta (Lom, 2004) publicó la portada del diario La Prensa de Santiago: “El vate había ingresado el miércoles 19 del presente mes. Su deceso fue certificado por el médico de turno, doctor Carlos Macera, y según el boletín emitido, la causa fue paro cardíaco” (24/09/1973). Era la primera vez que leía el nombre de Carlos Massera, aporté el dato del “doctor Macera” en el libro El doble asesinato de Neruda (2012). El 10 de febrero de 2014, descubrí el mismo nombre en la Hemeroteca Nacional de México: “Fue el doctor Carlos Massera quien se encontraba con Neruda en el momento del fallecimiento y que anunció la muerte del poeta” (Excélsior, 24/09/1973). Los titulares de Excélsior registraron: “Murió Neruda en Santiago; su casa de Isla Negra había sido allanada”; “Cuatro días antes fue trasladado de su refugio a la capital”; “Se esperaba que viniera de hoy a mañana con otros refugiados”. La Cancillería de México emitió un boletín de prensa: “La Secretaría de Relaciones Exteriores informó anoche que en el avión DC-8 de Aereoméxico, que esta mañana llegará a Santiago para transportar a nuestro país a otro grupo de mexicanos y asilados políticos chilenos, debía haber viajado también Pablo Neruda. El poeta fue invitado por el presidente Echeverría para que en nuestro país se le atendiera de la grave enfermedad que estaba sufriendo desde hace varios meses” (Excélsior, 24/09/1973). Para continuar con su tratamiento médico, Neruda se internaría en el Instituto Nacional de Cancerología de México, el pronóstico de vida era de un año, según el doctor Francisco Velasco: “El cáncer de la próstata era inoperable, había metástasis en los huesos de la pelvis. Se le efectuó una operación paliativa, una talla vertical para aliviar sus molestias y combatir la infección urinaria” (Neruda. El gran amigo, 1987).

Para entender el contexto del 11 al 23 de septiembre, consulté la prensa mexicana de la época, el periódico dirigido por Julio Scherer informó: “El poeta Pablo Neruda se halla confinado en su residencia de Isla Negra, bajo arresto domiciliario, por órdenes de la Junta Militar chilena… los militares decidieron aislarlo e impedirle que haga declaraciones que no estén de acuerdo con los lineamientos señalados por la Junta. Alrededor de su casa hay carabineros que impiden que nadie entre o salga, sin razón justificada o con salvoconducto. Sus teléfonos están intervenidos y no se le permiten visitantes. La presencia de los periodistas cerca de Isla Negra es inmediatamente repelida por los carabineros. Neruda no puede hablar con nadie, ni siquiera por teléfono. Además la salud de Neruda no es buena. En los últimos días ha permanecido en cama” (Excélsior, 21/09/1973). La dictadura había declarado: “El general Augusto Pinochet dijo hoy a la Radio Luxemburgo que el poeta Pablo Neruda ’no fue arrestado’. El jefe de la Junta Militar añadió que el Premio Nobel de Literatura está: ‘muy enfermo y muy anciano’ para que los militares ‘tengan interés en él’” (Excelsior, 17/09/1973). El periodista Manuel Mejido, enviado de Excélsior, confirmó: “El toque de queda llegó a Isla Negra acompañado de dos oficiales de carabineros que llevaban una atenta invitación para que el ocupante de una de esas casas de la playa, se abstuviera de abandonarla ‘hasta nueva orden’. Un cordón de soldados se tendió en derredor de esa residencia de troncos de pino para ‘evitarle molestias’ a su ocupante” (Esto pasó en Chile, 1974).

El Agregado Cultural de México reconstruyó los detalles de la operación para rescatar a Neruda; la noche del 16 de septiembre de 1973, el Embajador Gonzalo Martínez Corbalá se comunicó por teléfono, desde México, con Pascual Martínez, en clave le dio instrucciones: “El Señor invita a comer a nuestro amigo con el que cenamos en días pasados’; contesté: ‘muy bien’. Entendí que se trataba del Presidente de México, sólo a él se le podía llamar ‘Señor’, y la palabra ‘comer’ implicaba la Residencia Oficial de Los Pinos en México. Sabíamos que los teléfonos estaban intervenidos” (Clarín 12/02/2014), el 17 Martínez Corbalá anunció ante la prensa en Perú: “Llevo la invitación del presidente Luis Echeverría para el poeta Pablo Neruda como Huésped de honor del gobierno de México” (26/11/2013), mientras tanto, Pascual Martínez comenzó la búsqueda del poeta en Santiago, a primera hora del 18 acudió a Isla Negra para entregar la carta de Luis Echeverría, después de recibir la invitación Manuel Araya salió a contratar una ambulancia para el traslado programado (había una confusión sobre el día exacto en que Araya contrató la ambulancia, el chofer de Neruda admitió, en entrevista telefónica, que fue el 18 de septiembre). El 19 Pascual Martínez regresó a Isla Negra, pero Neruda ya había partido a la Clínica Santa María, por la tarde del 19 llegaron los dos diplomáticos mexicanos para visitar a su amigo y reiterarle la invitación de Luis Echeverría.

Al ingresar a la Clínica Santa María se presentó el primer problema, el Agregado Cultural de México declaró: “La señora Matilde Urrutia estaba buscando un medicamento, yo me ofrecí a conseguirlo, al día siguiente le entregué la medicina a la señora Urrutia. Gracias a un contacto que tenía en México, un amigo compró el medicamento, lo llevó al Aeropuerto Benito Juárez, el avión que realizaba vuelos de Vancouver a Santiago hacía escala en Ciudad de México, ahí permanecía 2 horas y llegaba la mañana siguiente al Aeropuerto de Pudahuel, en menos de 24 horas Neruda tenía el medicamento que necesitaba” (Clarín, 12/02/2014). Sin embargo, el doctor Sergio Draper dijo que en la Clínica Santa María no hacía falta ningún medicamento, es su palabra contra los confiables testimonios de Pascual Martínez (el diplomático sostiene que desde el ingreso de Neruda le negaron las medicinas) y Manuel Araya (el chofer salió a buscar otro medicamento la tarde del 23 de septiembre, dato confirmado por la viuda Matilde Urrutia). De hecho, Neruda tenía dificultades para encontrar su medicina debido al bloqueo económico que sufría la Unidad Popular, el 29 de abril de 1973, el poeta escribió una carta con el siguiente encargo: “Tráigame o mándeme Pindione para las venas. También Cortancyl (Prednizona) de 5 mil. 2 frascos” (Cartas de amor, 2010). La destinataria de la postal era Matilde Urrutia, mientras se encontraba en Francia tratando de vender La Manquel y preparando el envío de las cosas que se quedaron durante la mudanza de 1972.

La Prednizona es una cortizona y el Pindione es un anticoagulante, Neruda estaba al tanto del tratamiento contra el cáncer de próstata, las cartas a Matilde dan cuenta de los efectos secundarios (diarrea) por la radioterapia de cobalto y las molestias de la enfermedad, el epistolario comienza el 16 de abril, Neruda escribió: “el Boletín médico (que le acabo de dar por teléfono a Pancho) es como sigue:” (la referencia a Pancho es por Francisco Velasco, el amigo y médico de cabecera de Neruda). El martes 16, Neruda escribió, desde el Hotel Miramar: “Hoy me dolió la cadera pero el doctor me tranquilizó, me pide la radiografía para hacer una nueva radiografía pero el Dr. Salazar no me la ha mandado, le hablaré a Bulnes”. El 18 de abril escribió: “última radiación, vitaminas, calcio, posibles nuevos exámenes”. El 7 de mayo escribió: “Boletín médico. Se me declaró una infección con unos bacilos muy tenaces, como aquí escasean algunos remedios le pedí a Pancho que le mandara directamente el antibiograma para que me comprara el antibiótico mejor”. Otra vez aparece la referencia ante la “escasez de medicamentos” y repitió el nombre: Pancho (Francisco Velasco), Neruda y Pancho discutían por teléfono –todos los días- el boletín médico, el médico cirujano Velasco asignó a una enfermera de su confianza durante las sesiones de radioterapia en Valparaíso (dato tomado de las memorias inéditas de Francisco Velasco), también canalizó a Neruda con el doctor Vargas Salazar.
La viuda Matilde Urrutia dejó constancia de que Francisco Velasco era el doctor de cabecera de Neruda: “Su médico de Valparaíso fue apresado el día 13, así que no pudo llegar. Entonces me comunicaba con Vargas Salazar, en Santiago, y él me recetaba los antibióticos que yo ya tenía” (Funeral vigilado, 1974). El médico cirujano Velasco acertó en el diagnóstico de Neruda: “En su última visita a Valparaíso ya casi no podía caminar, las metástasis cancerosas de los huesos de la cadera le provocaban dolores intensos que sufría estoicamente” (página 125); “el cáncer de la próstata era inoperable, había metástasis en los huesos de la pelvis. Se le efectuó una operación paliativa, una talla vertical para aliviar sus molestias y combatir la infección urinaria” (página 121); finalmente el doctor Velasco escribió en el libro Neruda. El gran amigo: “Nunca se le dijo el diagnóstico a Neruda, aunque él lo sabía, pero seguía actuando como si lo ignorara” (página 122). Los resultados de la exhumación de Neruda corroboraron la presencia de metástasis cancerosa.

Las agencias de prensa confirmaron que el ADN corresponde a Neruda en un 99.9% (La Tercera, 21/03/2014), lo que tira por tierra la teoría de una conspiración, el cadáver no fue desaparecido por la dictadura. Los primeros resultados de los laboratorios extranjeros detectaron: Dipirona (medicamento prohibido por la FDA de Estados Unidos en 1977), residuos de un tratamiento estrogénico (para reducir el tamaño de la metástasis) y un saborizante de fruta o jugo (lo que podría ser el último desayuno del poeta en la Clínica Santa María). La segunda ronda de exámenes analizará gases tóxicos y bacterias. En la actualidad, todo indica que Neruda murió después de la inyección de Dipirona, El Mercurio de Valparaíso describió una reacción alérgica: “La baja brusca de presión que experimentó ayer, tras haberle dado una inyección calmante, obligó al médico tratante Roberto Vargas Salazar, distinguido urólogo y nefrólogo, a llamar a interconsulta a un cardiólogo. ‘Se trata de una baja de presión muy importante’ nos explicó el médico y profesor de cardiología, quien no quiso sin embargo, identificarse” (24/09/1973). El periódico Jornal do Brasil completó el cuadro clínico, según el reportaje de Paulo César Araújo: “[Neruda falleció] víctima de infección urológica [o urinaria] crónica y flebitis, conforme diagnosticó en la tarde [del día 23] el médico Sergio Drapper" (24/09/1973). El chofer Manuel Araya tenía razón, Neruda murió por una inyección que le inocularon el 23 de septiembre. El doctor Sergio Draper debe explicar: ¿por qué la viuda Matilde Urrutia declaró que le inyectaron Dolopirona (un calmante suave) a Neruda?, ¿por qué le inyectaron Dipirona a Neruda?, ¿no había Dolopirona en la Clínica Santa María?, ¿el poeta murió por una negligencia médica?, ¿o los doctores recibieron las órdenes de sustituir la Dolopirona por la Dipirona?, ¿y por qué ocultó la identidad del doctor Carlos Massera?

 

 

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